Mantas blancas

Me fascina observar su ingenio para mostrar lo que llevan en su manta mucho más que lo que venden. Vinieron en busca de una vida mejor, sabían que no iba a ser fácil. Recuerdan a sus amigos sepultados en el mar. Siguen sin papeles y jugando cada día al gato y al ratón con la policía. Vender para comer no es delito suelen repetir.

Yolanda Ibarra

Fatigas del querer

Levanté la mano para pedir otra cerveza. Allí, sentada, con los ojos cerrados, sentí que Camarón me susurraba al oído…

Fatigas del querer, 
fatigas del querer,
son las fatigas más grandes
que un hombre ‘puea’ tener,
tener, tener. 

— Vamos a cerrar— gritó el camarero.

Yolanda Ibarra

 

Brochazo

dsc-_-0138-70pEstaba confusa y alterada. Fotografió el brochazo de Lichtenstein y se lo envié por whatsApp.

— ¿Dónde estás? —escribió él levantando la vista rápidamente de la pantalla y mirando a su alrededor.

— Voy a borrarte de mi vida —le gritó ella delante de su cara.

— ¡Cálmate! Te lo puedo explicar —dijo mientras soltaba a la mujer que lo acompañaba.

Yolanda Ibarra