La silla que otea el mar

Apalabrando los días

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Tan entregada al mar ha sido su vida
que ante su furia
y sus ansias de conquista
permanece inmóvil, contemplando
el avance de las olas
que amenazan su destino.
Hubo un tiempo
en el que el mar, enamorado,
la admiraba desde la lejanía,
y en las noches de luna
la tentaba con un beso de espuma tímida.
Hoy,
con la arrogante actitud del poderoso
se adueña de sus arenas,
desprecia la fragilidad de su vejez,
e ignora el quejido de sus silencios.
Al otro lado de la penumbra,
espera.

Isabel F. Bernaldo de Quirós

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Aquí estoy

AQUÍ ESTOY CON MI POBRE CUERPO

Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo
que entinta de oros rojos el cielo de la tarde:
mientras entre la niebla los árboles oscuros
se libertan y salen a danzar por las calles.

Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuándo vine
ni por qué la luz roja del sol lo llena todo:
me basta con sentir frente a mi cuerpo triste
la inmensidad de un cielo de luz teñido de oro,

la inmensa rojedad de un sol que ya no existe,
el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,
y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo,
la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.

Pablo Neruda, 1923

 

¡Feliz cumpleaños!

Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo…

¡Qué importa éso!

Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porqué decir: Eres muy joven… no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas…

Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!

Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

José Saramago

Mantas blancas

Me fascina observar su ingenio para mostrar lo que llevan en su manta mucho más que lo que venden. Vinieron en busca de una vida mejor, sabían que no iba a ser fácil. Recuerdan a sus amigos sepultados en el mar. Siguen sin papeles y jugando cada día al gato y al ratón con la policía. Vender para comer no es delito suelen repetir.

Yolanda Ibarra

Simplemente datos

dltf-9283-60pEn el apogeo del imperialismo europeo, conquistadores y mercaderes compraban islas y países enteros a cambio de cuentas de colores. En el siglo XXI, nuestros datos personales son probablemente el recurso más valioso que la mayoría de los humanos aún pueden ofrecer, y los estamos cediendo a los gigantes tecnológicos a cambio de servicios de correo electrónico y divertidos vídeos de gatitos.

[…]

No es de extrañar que estemos tan atareados convirtiendo nuestras experiencias en datos. No se trata de una cuestión de estar a la moda. Es una cuestión de supervivencia. Debemos demostrarnos y demostrar al sistema que todavía tenemos valor. Y el valor no consiste en tener experiencias, sino en transformar dichas experiencias en datos que fluyan libremente.

[…]

Los humanos ceden su autoridad al libre mercado, al conocimiento masivo y a algoritmos externos debido en parte a que no pueden abarcar el diluvio de datos. En el pasado, la censura funcionó al bloquear el flujo de la información. En el siglo XXI, la censura funciona avasallando a la gente con información irrelevante. La gente, simplemente, no sabe a qué prestar atención, y a menudo pasa el tiempo investigando y debatiendo asuntos secundarios. En tiempos antiguos, tener poder significaba tener acceso a datos. Hoy en día, tener poder significa saber qué obviar.

Yuval Noah Harari

Homo Deus: Breve historia del mañana

Evolución

1960: *Bar Paco*
Tortilla y judías con chorizo. 12 pts

1970: *Mesón Paco*
Tortilla de patatas y Fabada Asturiana. 50 pts

1980: *Cafeteria Paco*
Ración de Tortilla y Ración de Fabada asturiana para compartir. 145 pts

1990: *El Rincón de Paco*
Tortillitas naturales guisadas en su salsa campera y Judías al sabor de la abuela. 370 pts

2000: *Paco’s Delicatessen*
Tortilla cuajada con cebolla roja del Penedés y Alubias en salsa espumosa de foie. 480 pts

2010: *Gastrobar Francis*
Degustación de Tortilla con huevos ecológicos  de corral de gallina rubia navarra, adornados con alubias minué. 48 €

2017: *Can Françoise*
Deconstrucción de Tortilla con gas carbonico con esferificaciones de alubia macha sobre cama de musgo de Bretaña. 330 €.

Guatama Cristo

dltf-5623-70pLos nombres de Dios y en particular de su representante
llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas,
han sido usados, gastados y dejados
a la orilla del río de las vidas
como las conchas vacías de un molusco.

Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados
y desangrados, pétalos heridos,
saldos de los océanos del amor y del miedo,
algo aún permanece: un labio de ágata,
una huella irisada que aún tiembla en la luz.

Mientras se usaban los nombres de Dios
por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios,
por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos
y por las víctimas doradas que ardieron en napalm,
mientras Nixon con las manos
de Caín bendecía a sus condenados a muerte,
mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa,
los hombres comenzaron a estudiar los colores,
el porvenir de la miel, el signo del uranio,
buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades
de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras,
de ir más allá, de ilimitarse sin reposo.

Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre,
a humo de escombros, a ceniza muerta,
y no fuimos capaces de perder la mirada,
a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios,
los levantamos con ternura porque nos recordaban
a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron,
a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha
y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre
sentimos estas suaves sustancias
gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.

Pablo Neruda

 

Fatigas del querer

Levanté la mano para pedir otra cerveza. Allí, sentada, con los ojos cerrados, sentí que Camarón me susurraba al oído…

Fatigas del querer, 
fatigas del querer,
son las fatigas más grandes
que un hombre ‘puea’ tener,
tener, tener. 

— Vamos a cerrar— gritó el camarero.

Yolanda Ibarra

 

Solo un árbol grande

dltf-7647-55pNo hay muerte ni principios.
Sólo hay un mar donde estuvimos y estaremos,
un mar de peces que son como nosotros,
que vuelan cuando nacen,
que se hunden cuando mueren;
peces voladores
que saltan a la luz
sin llegar a ser ángeles.
Sólo hay un mar
y los alegres saltos de la vida.
Esta curva en el aire,
tan lenta a veces,
sobre ese mar tan codicioso,
no es un arco iris
después de la tormenta,
no es un puente
por donde pueda pasar nadie.

Nuestra vida dibuja
su ascensión y descenso
sobre ese mar humano,
donde la humanidad
realmente vive.
No hay muerte ni principios.
Sólo hay un árbol grande
que sacude sus hojas
para nutrirse de ellas
cuando caigan al suelo.

Manuel Altolaguirre