Mis cuatro estaciones

Apalabrando los días

Parece una paradoja que el invierno se muestre tan desnudo y silencioso frente a las inclemencias del tiempo, teniendo todas ellas por denominador común el frío.                        Y aunque comienza su temporada ilusionado, sobre todo pensando en el manto blanco con el que podrá cubrir de nieve montañas y valles, y poder convertir el agua en carámbanos, la superficie de ríos y lagos en pistas de patinaje, e incluso soñar en alcanzar la orilla del mar, llega un momento que se cansa. El frío le agota, los días cortos le pesan y la oscuridad de los días le deprime.

Así que antes de que su temporada se acabe, el invierno se arropa de primavera y hace que se desperecen algunas flores, árboles y otros seres adormilados. Y no es extraño que la primavera recele de ello, pues es consciente de que es a ella a quien le corresponde esta función.

A…

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