Ideología social de la bici

DSC _ 9231 Ret - Ideología social de la bici  Por bicicleta entiendo un aparato para trasladarse de un lugar a otro. Dejando de lado la historia de la bici entraré pues, directamente, en nuestro asunto, que es una reflexión acerca de la naturaleza psíquica y somática de la bicicleta como ente real. Tal vez el lector crea que las bicis por ser aparatos son artefactos y por lo tanto distan mucho de tener la unidad de un ente vivo. Mis propias definiciones iniciales pueden haberle conducido a este error, que ahora me ocuparé de reparar. El carácter vital de la bicicleta, su específico modo de ser un ser viviente se advierte claramente leyendo las extensísimas observaciones del “Espasa” y especialmente sus primeros redactores que conocían por experiencia propia, la incalculabilidad del velocípedo. Un mecanismo es siempre previsible. Un ente vivo es siempre imprevisible. Por eso “cuando se emprende una excursión en bicicleta es necesario llevar consigo un farol, una bomba, un neumático, una camisa de dormir (de seda), medias y pañuelos, una camiseta, un revolver y un detallado mapa de la región a visitar”. Contra lo que pudiera suponerse, estas precauciones no hacen referencia a los posibles incidentes del camino, sino –autorreflexivamente- a la indómita naturaleza de la bici. Se sabe de bicis que se han encabritado. Y de bicis que han rehusado seguir a los entierros. Y se sabe de un famoso sprinter alemán Helmut Schiefferdecker, que se vio obligado a pegar un tiro en los piñones de su propia bici en pleno Stuttgart en mayo de 1926 porque se empeñaba en meterse de cabeza contra los coches de caballos. Hasta aquí la peligrosidad innegable de las bicis. A partir de aquí enumeraré sus indudables beneficios. La bicicleta es saludable para los nerviosos. Los nerviosos necesitan una sedación que sólo la bici proporciona: se trata de un estado espiritual que combina el equilibrio perfectísimo, la movilidad y la quietud. Montando en bicicleta se descubre que la estabilidad procede de la acción y es lo contrario del apocamiento y el asiento. Si nos sentamos y al mismo tiempo nos movemos y no nos mueve un motorcito como ocurre con los coches o con las funestas motocicletas que alguna gente confunde con las bicis (como el artilugio mal llamado bicicleta motera), cuando la bicicleta y el ciclista son un solo ser en movimiento, entonces la paz se hace profunda y el resplandeciente sirimiride las llantas pasa al cuerpo y del cuerpo a los primeros brotes del espíritu (por la vía de la glándula pineal): Y el ciclista y el biciclo viven una única realidad vital: es la libertad del piñón libre, recomendable siempre que se lleve freno. Porque, como la vida, la bici es de por sí desenfrenada y su libertad sin frenos puede ser terrible. Pero controlada conduce el freno al frenesí hasta alcanzar la sobria ebriedad del buen ciclista, ese abigarrado flamingo valiente que vemos silencioso por todas las carreteras, ciudades y montes de este mundo.

 Versión resumida de “Un hombre con dos ruedas” de Álvaro Pombo.

 Foto: leodelatorre

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