Fatigas del querer

Levanté la mano para pedir otra cerveza. Allí, sentada, con los ojos cerrados, sentí que Camarón me susurraba al oído…

Fatigas del querer, 
fatigas del querer,
son las fatigas más grandes
que un hombre ‘puea’ tener,
tener, tener. 

— Vamos a cerrar— gritó el camarero.

Yolanda Ibarra

 

Mis cuatro estaciones

Apalabrando los días

Parece una paradoja que el invierno se muestre tan desnudo y silencioso frente a las inclemencias del tiempo, teniendo todas ellas por denominador común el frío.                        Y aunque comienza su temporada ilusionado, sobre todo pensando en el manto blanco con el que podrá cubrir de nieve montañas y valles, y poder convertir el agua en carámbanos, la superficie de ríos y lagos en pistas de patinaje, e incluso soñar en alcanzar la orilla del mar, llega un momento que se cansa. El frío le agota, los días cortos le pesan y la oscuridad de los días le deprime.

Así que antes de que su temporada se acabe, el invierno se arropa de primavera y hace que se desperecen algunas flores, árboles y otros seres adormilados. Y no es extraño que la primavera recele de ello, pues es consciente de que es a ella a quien le corresponde esta función.

A…

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Solo un árbol grande

dltf-7647-55pNo hay muerte ni principios.
Sólo hay un mar donde estuvimos y estaremos,
un mar de peces que son como nosotros,
que vuelan cuando nacen,
que se hunden cuando mueren;
peces voladores
que saltan a la luz
sin llegar a ser ángeles.
Sólo hay un mar
y los alegres saltos de la vida.
Esta curva en el aire,
tan lenta a veces,
sobre ese mar tan codicioso,
no es un arco iris
después de la tormenta,
no es un puente
por donde pueda pasar nadie.

Nuestra vida dibuja
su ascensión y descenso
sobre ese mar humano,
donde la humanidad
realmente vive.
No hay muerte ni principios.
Sólo hay un árbol grande
que sacude sus hojas
para nutrirse de ellas
cuando caigan al suelo.

Manuel Altolaguirre